24 agosto 2015

El juego de la oca


No era por su pico, ni por sus patas palmeadas, ni por su largo cuello, ni siquiera por sus suaves plumas blanquecinas, ni por su cola timonera cuando nadaba. Lo que hacía diferente a aquella oca eran sus gustos culinarios. Quizás por ello llevaba varios años resistiendo en la granja. Y es que en los días de  “matadero” la granjera, entre risas y grabaciones de móvil, le echaba los restos de foie gras para deleite de su paladar. Aquella mujer podía hacer lo que quisiera, ella tenía claro su  objetivo: “Antes de que te coman a ti, cómete a los demás”.




 Fotografía de:
http://europajunior.blogspot.com.es/2013/10/juego-de-la-oca-en-europa.html




16 agosto 2015

Los helados son para el verano




Le dejaron tan helado sus palabras que no fue capaz de mover ni un solo músculo para evitar la catástrofe. Quiso hablar pero su lengua estaba paralizada, como cuando de pequeño la pegaba a un polo de hielo. Quiso dar un paso para avanzar, pero sus pies se deshacían como dos Frigopies al sol. Quiso abrir sus manos, pero como Frigodedos permanecían cerrados sus puños con el dedo índice apuntando a la nada. Quiso pestañear siquiera, pero sus ojos inmóviles como las bolas de chicle del helado de gafas no se lo permitían.  Y en su  cara, como un Mikopete,  permanecía  una sonrisa atónita y perpleja.
Él, que había sido un vampiro mejor que el Drácula, que a veces era un poco Fantasmiko, que había dado más vueltas que un Pirulo, que le apodaban el Negrito, que se creían más duro que un Calippo …estaba allí helado.
Menos mal que en  agosto se dio cuenta de que todo había pasado porque ella lo dejó en enero. Y es que  él, definitivamente, era un chico de verano.






Fotos sacadas de : 


14 agosto 2015

Ella tiene 6 letras...




Ella tiene dos lagunas azules, que se tornan verdes y a veces grises, cuando la tormenta se acerca, o la tempestad se aleja.
Ella tiene dos piernas firmes, fuertes, que sostienen el mundo que pisa. Que la mantienen con los pies en la tierra, que hacen que aunque sople viento, nada ni nadie la mueva de su lugar.
Ella tiene dos manos pequeñas  que mueve al son de la música, que aplauden victorias, sostienen derrotas, aprietan otras manos, frenan incoherencias, limpian desigualdades y adornan realidades.
Ella tiene unos mofletes donde podría vivir. Como almohadas, como estufas que calientan mi cara y mi alma, que me reconcilian con el mundo los días de cierzo.
Ella baila, baila mucho. Baila en la cocina, en el comedor, en el baño. Y canta, canta cuando está sola, porque dice que le da vergüenza, pero canta y a mí me encanta.

Ella es, ella fue y ella será.

Ella tiene 6 letras, pero para mí es un abecedario completo.

24 julio 2015

Colecciones




Pintaba en el cielo formas de vidas que se imaginaba. Opciones acertadas que cambiaban el fin de su historia. Decisiones diferentes que dejaban cajones abiertos llenos de rincones que descubrir y objetos que coleccionar. Como las gafas que nunca usó para verla a ella más de cerca. O la mochila que nunca le regalaron para meter los libros que leería en el metro. O la pipa que siempre quiso tener para que el humo se convirtiera en nuevas nubes a las que darles forma en su imaginación. Objetos que pintaba en el cielo, cada tarde desde su habitación con rejas. 



12 julio 2015

Sin memoria


Y olvidando todo lo que fue y todo lo que hubo se marchó. Allí me quedé con el vacío de la nada llenándome por dentro. Desde entonces me ha quedado la incertidumbre de si se fue en paz por no recordar o se fue sufriendo por no poder recordar nada.



 Microrrelato presentado a 50 Palabras:
 







07 julio 2015

Y la vida siguió como canta Sabina


"Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido…" cantaba Sabina en el viejo radio cassete del pueblo. Como una banda sonora aquellas palabras describían perfectamente el lugar, dando ritmo y color al cansancio y hastío de la rutina. Allí donde nadie regresaba, ni siquiera para vanagloriarse de fugacez triunfos, allí donde la nada se había convertido en un cacique de los de antaño y acampaba a sus anchas, allí donde unos ojos miran con nostalgia los lugares que antes estaban llenos de sonidos, allí donde habita el olvido, allí es  mi tierra, la tierra de nadie.





Foto del yacimiento de una villa romana próximo a la localidad de Gárgoles de Arriba (Guadalajara)

01 julio 2015

Sin nostalgia




Qué extraño y a la vez atrayente me  resultó siempre el entramado de calles del barrio. Torcidas, llenas de ramificaciones, impredecibles, recónditas, semejantes a nuestro propio sistema nervioso. Mi padre siempre nos contaba que vivíamos en la parte más mágica de la ciudad, en medio del dédalo de callejuelas donde podían transcurrir algunos de los cuentos de las Mil y una noches. De hecho con esa frase nos acostaba todos los días en nuestra antigua casa del recodo. Nuestra calle no era de las más estrechas del barrio, al contrario que la de Miguel por la que no cabía ni un coche, de hecho cuando murió su abuela tuvieron que sacarla por toda la calle en una silla. La plaza estaba detrás del solar del jabalcón. La de tardes que pasábamos jugando en aquellos escombros viejos y en el adarve del tío Hilario. Recuerdo que nos daba unos duros para  ir a comprarle lo que necesitara y luego nos tiraba una cesta con una soga para que se lo depositáramos en ella. El pobre casi se muere de un susto el día que Miguel le puso un petardo en la cesta junto a la barra de pan. Qué extraño me pareció siempre el barrio, e incluso  ahora tras la demolición del último edificio sigue resultándome atrayente. Nadie es profeta en su tierra, supongo que por eso los antiguos vecinos o incluso Miguel se enfadaron tanto cuando me nombraron jefa de las obras de remodelación del barrio. Puedo entender su nostalgia, pero las ventajas del centro comercial ya les harán olvidarlo todo.






Microrrelato que fue presentado al III Concurso de relatos mínimos Historias de la calle, del Museo Sefardí de Toledo.