04 junio 2015

Primer día





- ¡Ni harta de vino vuelvo al pueblo!- gritó la sudorosa tía Ramos  subiendo la cuesta de la ermita, arrastrándome de la mano.
- ¡¡Una y no más, Santo Tomás!! - Gruñía entre dientes quitándose el polvo de la toquilla, mientras se santiguaba haciendo gala de respeto a los santos a los que juraba. Aquella tarde permanecerá para siempre en mi pupila, como los atardeceres rojos de la montaña de la ermita, como el aire fresco y limpio de la cara norte de la ladera, como la bofetada y el abrazo entre sollozos de la tía Ramos. Fue el primer día que quise ir a jugar con el resto de niños del pueblo y fue el primer día que supieron de mi existencia.





02 junio 2015

Pretty Woman




Como en “Las bicicletas son para el verano” a Pablo cada vez que le dejaba una novia, era como si le comieran una cucharada de lentejas, pero en este caso de corazón. Así hasta dejarlo con el corazón vacío como la cazuela de la obra. Todas le aportaban algo nuevo: la afición por patinar, el gusto de catar vinos, el descubrimiento del cine japonés. Pero todas se llevaban algo de él: la Vespa  de color verde que alegraba sus veranos, el sofá de cuero de la salita pequeña, la colección de discos de U2.  Aunque eran cosas valiosas para él, la ausencia de dichos objetos no le llegaba a importar tanto como la ausencia de los desayunos en la cama, los besos en el cuello o las miradas en la calle mientras paseaban. “Te he dicho mil veces que lo de Pretty Woman no existe” le decía su primo Arturo cada vez que acompañaba a Pablo a la Gran Vía en busca de otra princesa sentada en trono de cartón.




31 mayo 2015

La duda




Lentamente abrió el maletero. Su mano se deslizó con suavidad para en un acto de sublime delicadeza levantar, como se alza la luz sobre las tinieblas, la puerta. Expectantes, mi hermano y yo desde la otra acera de la calle observábamos la escena con la incertidumbre del final de una novela de Agatha Christie. Nuestros ojos ni siquiera se permitían el lujo de parpadear para no perder ni uno de los detalles del momento. La vida seguía ajena a nosotros: las madres llevaban a sus hijos al colegio, los abuelos daban su paseo vespertino, las furgonetas de reparto ocupaban las dobles filas. Todos desconocían el secreto que mi hermano, la policía que paró el coche  y yo estábamos a punto de descubrir. Y cuando uno de los agentes extrajo aquel pequeño paquete envuelto en una toalla blanca con flores amarillas el otro gritó: “¡Chicos, largo de aquí!”.



Microrrelato participante y seleccionado en el I Concurso de Microrrelatos en la I Semana del Libro de Daroca.




25 mayo 2015

La habitación




Los dedos se me habían vuelto a congelar. Que difícil era escribir en aquella habitación helada, oscura y vacía. Por mucho que quisiera hacer de aquello mi hogar, siempre había algo que me recordaba que nunca lo sería. El papel que se descorchaba de la pared, la pata coja del somier, la carcoma de la pequeña mesa debajo de la ventana cuyas contras dejaban pasar la escasa luz que recibía el habitáculo durante todo el día. Pero aquellos escasos 2 metros cuadrados se transformaban en 6 en las cuatro letras que escribía una vez al mes. La ventana se tornaba como un gran ventanal por donde el amanecer entraba todos los días para recibirme en el mundo. El colchón de paja era uno de algodón, de segunda mano, pero caliente y cómodo para mis jóvenes pero gastados huesos. La mesa era un antiguo escritorio de roble que el señor iba a tirar pero decidió cedérmelo para que continuase con mis estudios nocturnos, y mejorara en eso de escribir y leer. Sin duda había mejorado bastante en ello, ya que mis cartas eran dignos folletines de novelas salidas de la imaginación más desarrollada.





Fotografía de la casa museo de María Pita (A Coruña)
 

23 mayo 2015

Odiando #viernescreativo

#Viernescreativo Una imagen y más de 100 historias...
Imagen: fotografía de Josephine Cardin, imágenes que sugieren una y mil historias....



Odiando
Sabía que deseaba su muerte. Deseaba que desapareciera, que un buen día llegara al trabajo y ya no estuviera allí, que no tuviera que preocuparme por encontrármelo por la calle, que la vida dejara de sangrarme cada vez que lo viera. Sabía que quería aplastarlo, que quedara como aquella granada que en el office de la oficina se me cayó de las manos y llenó todo el suelo de rojas gotas, de vida y muerte. Pero él, con su siempre tierna sonrisa volvía a hacer que me avergonzara de odiarlo tanto.
– Tranquila querida, yo te ayudo a recogerlo. Y hablando de recoger, recuerda que esta tarde paso a por los niños, quiero que conozcan a Ana por fin.




20 mayo 2015

Como otoño





Le gustaba esperar. Le daba tiempo para asimilar las cosas, para saber a lo que atenerse. Le gustaba esperar en la sala del médico, en la estación de autobús, en la fila del súper, en el parking. Le ayudaba mucho el hecho de no trabajar y no tener unos horarios a los que estar atado. El tiempo no corría en su contra, ni a favor, simplemente se desplazaba suavemente como aquellas nubes a las que miraba mientras esperaba en la gasolinera. Sabía que un día todo aquello terminaría, que la rutina, los horarios, las prisas volverían a su vida como el otoño vuelve cada año a terminar con el verano. Pero incluso para eso le gustaba esperar.



18 mayo 2015

De dientes





Ya no podíamos contar con él. Se había vuelto huraño con nosotros, extravagante con sus ideas e introvertido con su vida. No nos fiábamos de él los días que íbamos de caza, incluso los perros le temían. No quería salir por las noches y nos miraba de manera despectiva cuando hablábamos de viajar a nuevos lugares para que no nos siguieran el rastro. Desde que mordió, hacía dos meses, a aquella misionera dejó de afilarse los colmillos y empezó a lavarse los dientes. Ya no era un vampiro al uso.